
Después de haber declarado que él es el pan de vida, Jesús agrega: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna” (Juan 6:54). Este lenguaje figurativo significa que aquel que se apropia de los resultados de la muerte de Cristo en la cruz tiene una nueva relación con Dios: es hecho su hijo por la eternidad.Luego, el creyente debe alimentarse de la Palabra de Dios para conocer sus pensamientos y gustar de su amor. Jesús dijo: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (v. 63). Los alimentos mantienen nuestro cuerpo y lo renuevan; y las palabras de Jesús nutren nuestro espíritu de él mismo. Él nos comunica su vida y poco a poco nos transforma en su imagen (2 Corintios 3:18). Que podamos decir como el profeta Jeremías: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (15:16).
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