Derribando el dominio de Satanás

Derribando el dominio de Satanás sobre los territorios

Como si se tratara de escenas bien elaboradas de películas de terror, la familia Gaviria comenzó a experimentar extraños fenómenos en la casa que recién habían comprado por un muy buen precio: Pasillos donde predominaba un frío sin explicación alguna, ruidos sin aparente motivo de origen, sombras que se proyectaban sobre la alfombra, y una pesadez que se podía percibir en el ambiente.
Incluso los esposos relataron que el comportamiento de sus dos hijos era inexplicable, como si en ningún lugar encontraran sosiego, y ellos mismos, como pareja, peleaban constantemente.
Tras averiguar sobre los propietarios anteriores de la enorme vivienda de dos pisos, a las afueras de la ciudad, se descubrió que habían sido dos personas mayores cuyo comportamiento cotidiano estaba rodeado de misterio, distantes en el trato con los vecinos y con quienes difícilmente se podía cruzar palabra. Pero algo más: había quienes aseguraba que—especialmente los fines de semana--, realizaban ceremonias de ocultismo. Personas en lujosos vehículos, rigurosamente vestidas de negro, entraban y salían muy tarde en la noche.
--Se marcharon tan sorpresivamente como llegaron—dijo alguien a quien el comportamiento de aquella pareja le despertaba serias reservas.
Los esposos Gaviria consultaron con el pastor de la congregación, quien los llevó a un poderoso pasaje de la Biblia: "...lo que ates aquí en la tierra, también quedará atado en el cielo, y lo que desates aquí en la tierra, también quedará desatado en el cielo" (Mateo 16:19 b, Versión Popular; Cf. Mateo 18:18).
Si bien es cierto que atar y desatar son términos que usaban los rabinos con el propósito de incluir y excluir algo, respectivamente, encierran un profundo significado porque denotan la poderosa influencia del mundo físico sobre el espiritual, y viceversa.
El asunto está ligado al ejercicio de autoridad, creyendo al anuncio del Señor Jesús cuando dijo: "Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios, tomarán en las manos serpientes; y si beben algo venenoso, no les hará daño" (Marceos 16:17, 18. Versión Popular).
Afincados en el otorgamiento de poder y autoridad del Señor Jesucristo a sus discípulos, este joven matrimonio no solamente reprendió sino que ordenó a aquella presencia de maldad, que saliera de aquél lugar. La tranquilidad volvió a la casa.

El dominio territorial
Aun cuando muchas personas se resisten a aceptarlo, Satanás (del Hebreo Satan que traduce adversario, y del Griego Diabolos, que significa acusador, opositor y calumniador) y sus demonios ejerce dominio territorial con la autoridad que le concede el pecado del hombre.
El apóstol Pablo lo dejó muy claro cuando escribió a los cristianos del primer siglo: "Porque no tenemos lucha contra poderes humanos sino contra malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, dominio y autoridad sobre el mundo de las tinieblas que nos rodea" (Efesios 6:12, Versión Popular).
Permítame resultar tres términos del pasaje: mando, dominio y autoridad. ¿De dónde deriva el adversario tal potestad? Del pecado del género humano. Por este motivo, alguien redimido por Jesucristo, debe levantarse en poder y en victoria, ejerciendo autoridad—la que le delegó el Salvador—tal como lo enseña el apóstol: "Sométanse, pues a Dios. Resistan al diablo, y éste huirá de ustedes" (Santiago 4:7, Versión Popular).
Es evidente, por el pasaje, que no solo tenemos autoridad, sino que podemos lanzar en huida al diablo.

Demonios en las regiones
La Biblia presenta pasajes que son pruebas fehacientes de que algunos demonios tienen dominio sobre territorios específicos. Un ejemplo lo encontramos en la vida del profeta Daniel, quien se dispuso a escudriñar las Escrituras y orar en procura del perdón de Dios por el pecado de los Israelitas:
Un ángel se le apareció: "... y me dijo: "Levántate, Daniel, pues he sido enviado a verte. Tú eres muy apreciado, así que presta atención a lo que voy a decirte." En cuanto aquel hombre me habló, tembloroso me puse de pie. Entonces me dijo: "No tengas miedo, Daniel. Tu petición fue escuchada desde el primer día en que te propusiste ganar entendimiento y humillarte ante tu Dios. En respuesta a ella estoy aquí. Durante veintiún días el príncipe de Persia se me opuso, así que acudió en mi ayuda Miguel, uno de los príncipes de primer rango. Y me quedé allí, con los reyes de Persia. Pero ahora he venido a explicarte lo que va a suceder con tu pueblo en el futuro, pues la visión tiene que ver con el porvenir."...
Y me dijo: "¿Sabes por qué he venido a verte? Pues porque debo volver a pelear contra el príncipe de Persia. Y cuando termine de luchar con él, hará su aparición el príncipe de Grecia. Pero antes de eso, te diré lo que está escrito en el libro de la verdad. En mi lucha contra ellos, sólo cuento con el apoyo de Miguel, el capitán de ustedes." (Daniel 10:11-21, Nueva Versión Internacional).
Observe el texto con cuidado. Comprobará que las oraciones de los creyentes, no solamente son escuchadas por Dios, sino que en muchas ocasiones, Satanás pone tropiezos para impedir las bendiciones del Señor.
La lucha que se relata por parte del ángel, es literal, y se libra en la dimensión espiritual, en plena coincidencia con lo que anota el apóstol Pablo (Cf. Efesios 6:12) Desde el mundo espiritual, se ejerce influencia en el mundo físico, que encuentra su expresión en la territorialidad geográfica.
Otro ejemplo de las acciones encaminadas a impedir el obrar de los cristianos, lo hallamos en la comisión que hizo el Señor Jesús a sus discípulos para que proclamaran las Buenas Nuevas. Al regresar "Jesús les dijo: --Yo vi que Satanás caía del cielo como un rayo. Yo les he dado poder para que ni las serpientes ni los escorpiones les hagan daño, y para que derroten a Satanás, su enemigo. Sin embargo, no se alegren de que los malos espíritus los obedezcan. Alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el libro del cielo" (Lucas 10:18-20, Nueva Versión Internacional).
Nuestro adversario espiritual obraba de diversas maneras para impedir que los seguidores del amado Maestro cumplieran la misión.
Igual en nuestro tiempo. Satanás, por el pecado del hombre, tiene puertas abiertas para ejercer dominio territorial, y cuando vamos a evangelizar—por ejemplo—es necesario retomar el control ejerciendo la autoridad que nos dio Jesucristo, y atar toda fuerza del maligno.

Millares cegados por el dominio del pecado
La situación es tan remota como los mismos orígenes del género humano. Tan convencido está Satanás de su poder sobre el mundo físico, que tentó al amado Salvador durante el ayuno que tuvo de cuarenta días: "Por último, el diablo llevó a Jesús a una montaña altísima. Desde allí podían verse los países más ricos y poderosos del mundo. El diablo le dijo: --Todos estos países serán tuyos, si te arrodillas delante de mí y me adoras" (Mateo 4.8, 9, Nueva Versión Internacional).
Jesús no solo lo reprendió sino que le recordó su naturaleza de Dios y que por tal motivo, Satanás no debía ni podía tentarle. Pero ¡cuidado! El adversario es muy hábil y si usted no permanece alerta, puede llevarlo a caer. Hasta tal punto se da sus mañas, que tiene cegados a millares de hombres y mujeres en el mundo entero, para evitar que conozcan el Evangelio (Cf. 2 Corintios 4:4).
Para quitar la venda de los ojos de toda criatura y recordarnos que en Él, en Cristo, somos libres, vino el Salvador. Pablo lo explica de manera magistral cuando enseña: "Antes, ustedes estaban muertos para Dios, pues hacían el mal y vivían en pecado. Seguían el mal ejemplo de la gente de este mundo. Obedecían al poderoso espíritu en los aires que gobierna sobre los malos espíritus y domina a las personas que desobedecen a Dios." (Efesios 2:1, 2. Biblia en Lenguaje Sencillo). También anota: "Antes, ustedes estaban muertos, pues eran pecadores y no formaban parte del pueblo de Dios. Pero ahora Dios les ha dado vida junto con Cristo, y les ha perdonado todos sus pecados." (Colosenses 2.13, Biblia en lenguaje sencillo).
En la medida en que Jesucristo establece su Reino, cuando proclamamos las Buenas Nuevas de Salvación, el diablo pierde dominio territorial. Un ejemplo sencillo lo hallamos en Almolonga, en Guatemala. A partir de la proclamación del Evangelio, un pueblo que había sido territorio de borrachos perdidos, llegó a los pies del Redentor y hoy las cosas son distintas: hay bendiciones de todos los órdenes para quienes habitan allí.
Dos conclusiones a las que quiero llevarle: la primera, que si bien es cierto Satanás tiene dominio territorial en muchos lugares, en la autoridad de Jesús el Señor podemos atar sus fuerzas y accionar, y segunda, que urge evangelizar como paso del creyente para ir retomando el Continente, la Nación y su ciudad para quien le pertenece realmente: a nuestro Dios.
Es hora de dar la batalla. No se de por vencido. Recuerde siempre que Satanás es perseverante, y más debemos serlo nosotros, que al reprenderlo, tenemos asegurado—como lo anotan las Escrituras—que lo echaremos en huida.

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057) 317-4913705
Email:  Ps.Fernando@adorador.com